lunes, 12 de enero de 2009

Gógol a P.A. Pletnióv


Nápoles, 25 de enero (6 de febrero) de 1847.

Recibí tu carta con la noticia de la salida de mi libro1. ¿Por qué llamas gran obra la aparición de mi libro? Eso es excesivo e injusto. La aparición de mi libro sería no una gran sino, exactamente, una obra útil, si todo se arreglara y ordenara como es debido. Pero ahora, en cuanto puedo juzgar por el número de páginas que me informas en tu carta, no han autorizado más de la mitad, y además, la mitad esencial para la que fue acometido todo el libro, y por lo demás (como observas sordamente), han tachado, incluso en las autorizadas, muchos lugares. En ese caso, ya hubiera sido mejor retener el libro. Tú miras mi libro como un literato, desde un ángulo literario, te importa la obra propiamente literaria. A mí me importa la obra, que más me oprime y duele en este instante. Tú no sabes qué sucede en Rusia, dentro, qué enfermedad padece el hombre allá, dónde y qué clamores se oyen, y en qué lugares. Es cálido vivir en Petersburgo, disfrutar con los amigos las pláticas de arte, y de todo tipo de placeres sublimes. Pero cuando sabes que hay hombres con tales sufrimientos, ante los que un alma insensible se destrozaría, cuando sabes que una gota, una pizca de ayuda es capaz de refrescar y levantar el espíritu del caído, entonces prueba a soportar de modo insensible la destrucción de tus cartas. Tú no sabes por qué lado, exactamente, mis cartas eran útiles a esos, para quienes fueron escritas; tú no investigaste el alma del hombre, no descubriste como es debido ni a los otros, ni a ti mismo ante ti mismo, y por eso no puedes sentir todo eso que siento yo. Estas mismas palabras te parecerán extrañas. Me arrancan no sólo la camisa, sino la propia piel, pero eso por ahora sólo yo lo oigo, y a ti te parece que a mí, simplemente, me arrancan sólo el capote, sin el que, por supuesto, hace frío, pero con todo no de modo tal, que no se pueda arreglarse sin éste. De la confusión que hay en esta obra por parte de la censura, por supuesto, yo soy el culpable y nadie más. Yo, desde el mismo principio, debí poner en detallado conocimiento de todo esto al conde Mijaíl Yúrievich Vielgórskii2. Él, hace tiempo, hubiera puesto en conocimiento al soberano de los capítulos no autorizados. Es un alma buena y generosa, eso sin hablar ya de que me es familiarmente cercano, por la relación espiritual para conmigo de toda su familia. Él, hace ya un mes, le expuso al soberano una petición mía que, probablemente, nadie más se atrevería a presentar3. Esa petición era mucho más presuntuosa que la presente, y sólo tendría derecho a hacerla ya un hombre muy emérito del gobierno, y no yo. Y el buen soberano la recibió con benevolencia, preguntó por mí con sensible interés, y dio la orden a la cancillería de escribir a todos los lugares, las jefaturas y las embajadas en el extranjero, para que me otorguen una protección de excepción y especial en todas partes, por donde vaya a viajar o pasar en mi viaje. Y que ese mismo soberano se niegue a echarle un vistazo benevolente e indulgente a mis artículos, no quiero creerlo. Pásame en limpio todo lo que no fue autorizado por la censura, incluye todos esos lugares que Nikítienko4 tachó con tinta roja, y dáselo todo, sin omitir nada, a Mijaíl Yúrievich. No me calmaré hasta que esta obra no se haga así, como es debido. De otra forma, no está hecha para mí. ¡Qué dos pruebas tan fuertes de pronto! Por una parte, la carta actual tuya; por la otra, la carta de Sheviriév5 con la noticia de la muerte de Yazíkov6. Y todo eso sucedió, precisamente, en un momento cuando, sin eso, mis fuerzas se agotaron con los achaques y los insomnios surgidos de nuevo, durante estos dos meses, y cuyas causas no puedo entender. Pero es grande la gracia de Dios, que me apoya incluso en estos amargos instantes de indudable esperanza, en que todo se ordenará como sea debido. Tan pronto los artículos sean autorizados, envíalos al instante a Sheviriév, para la impresión de una segunda edición en Moscú7, que me parece es más cómodo realizar allá, tanto por razón de la baratura del papel y la tipografía, como igualmente porque él está menos cargado que tú con toda clase de obras y ediciones. A esta carta dale respuesta inmediata. Te abrazo con toda el alma.

Tuyo, G.

Si no estás ocupado con alguna otra obra, y tienes tiempo libre en absoluto, y se presenta la posibilidad de imprimir el libro con bastante rapidez, bien y sin grandes costos, entonces procede tú mismo. Por favor, no omitas nada, y los artículos que hayan sufrido demasiado con el censor, mejor manda a rescribirlos todos por completo, y no con adiciones. Están escritos por mí con secuencia y relación, y yo recuerdo el lugar de casi cada idea y frase. En particular, para que no confundan el artículo Sobre el lirismo de nuestros poetas; supongo que la adición grande, que envié con el quinto pliego, fue colocada como es debido, en lugar de las páginas eliminadas. El orden de los artículos es necesario que sea, exactamente, como el mío. Yo le envié a Mijaíl Yúrievich el índice con el orden de todos los artículos. Si es necesario para la formalidad algún censor, ¿pues no sería mejor escoger a algún otro, y no a Nikítienko?

1Los Pasajes selectos de la correspondencia con los amigos.
2Mijaíl Yúrievich Vielgórskii, conde, mecenas, hermetista, masón.
3Mijaíl Vielgórskii presenta a Nikolai I una carta de Gógol, que contiene una petición de éste sobre la extensión de un pasaporte extranjero con el propósito de hacer un viaje al Oriente.
4Alexánder Nikítienko, censor, crítico, historiador de la literatura.
5Stepán Sheviriév, poeta, crítico, traductor, editor, fundador de la revista El Heraldo de Moscú, profesor de literatura rusa en la Universidad de Moscú.
6Nikolai Yazíkov, poeta, miembro del círculo pushkiniano, amigo cercano de Antón Delvig y Nikolai Gógol, entre otros escritores.
7La edición no se hace en vida de Gógol.

Imagen: Mark Myers, Vancouver’s voyage begins, XXI.

viernes, 9 de enero de 2009

P.A. Pletnióv a Gógol


Petersburgo, 17 de enero de 1847.

Con la presente carta terminaré contigo, nuestra labor común de publicación de tus cartas. Una vez más, para darte una idea, te presento todo en un informe general. Se imprimieron 2400 ejemp. De estos, Sheviriév1 solicitó 1200 ejemp., cuyo comerciante los tomó todos de una vez, con una rebaja de un 25 por ciento. A ti por esos ejemp. te deben quedar limpios 1800 rub. de plata, que recibirás directamente de Sheviriév. De los 1200 ejemp. que me quedaron, sólo 1125 ejemp. fueron a la venta, y los restantes 75 de regalo al comité de censura. Al principio, de la cantidad de 1125, vendí yo sólo 400 ejemp. de golpe, y la rebaja fue del 20 por ciento; y luego todos los restantes 725 ejemp. tomados de golpe, con una rebaja de un 25 por ciento. De esta forma, por los primeros recibí 640 rub. de plata, y por los segundos 1087 r. 50 k. de plata, en total 1727 r. 50 k. de plata. De esta suma, el 10 de enero te fueron enviados 750 r. de plata, y aquí hoy se te envían 205 r. de plata, y los otros 955 r. de plata. Los restantes 772 r. 50 k. de plata se fueron en los siguientes gastos: a la tipografía por los costos de la edición 556 r. de plata, por las revistas enviadas a ti a través de Ark. Rossetti2 48 r. de plata, por la expedición con transporte a Moscú de los libros en una cantidad de 1200 ejemp. 28 r. 50 k., y por el doble registro de los endosos donde Stiglitz3 1. r. 40 k de plata. Terminada esta cuenta, te informaré los detalles sobre el endoso de Prokopóvich4, del que supiste por Ánnenkov5 y me escribiste.
Prokopóvich, a principios de 1845, realmente envió a Francfort un endoso a nombre de Zhukóvskii6, para entrega a ti, dejando consigo su segundo ejemplar (secundo). Él imaginaba que tú habías recibido el dinero hacía tiempo. Se debe suponer que ahí hubo alguna confusión. Cuando yo le informé a Prokopóvich que tú no habías recibido ese dinero, él me trajo como certificado el segundo ejemplar del endoso. Yo le ordené a Prokopóvich que fuera con este a ver a Stiglitz, donde le dijeron que, si por el primero realmente no fue entregado, pues aún se podía recibir por el segundo. Y yo pues me decidí hoy mismo a enviar ese segundo ejemplar, con una carta explicativa a Zhukóvskii. Yo le ruego a él recibir el dinero y enviártelo, o explicarte todo el asunto. Tú debes, para tranquilidad de Prokopóvich y mía, escribirme con seguridad tanto una respuesta a esta carta con la mayor rapidez, como acerca de qué recibirás en el informe de Zhukóvskii.
Con el correo te envío en un paquete dos folletos: la traducción de Berg7 (que terminó hace poco en Moscú el curso universitario), El manuscrito de Kraledvórskii8 y mi biografía de Krilóv, escrita para sus obras completas, editadas en 3 tomos y que salía recién hoy. Debes decirme tu opinión sobre este trabajo mío. Si se me dio, entonces la tomaré con Karamzín9 y, finalmente, con Zhukóvskii. Sin El Contemporáneo tengo plena libertad. Y antes parecía un perro amarrado.
¡Cómo te debe sorprender la muerte de Yazíkov10! Tú viviste con él tanto tiempo. Y yo incluso, que me separé de él hace tiempo, no me puedo recobrar de este golpe. Ahora pues ya somos pocos.
En presentar al soberano tu nuevo libro todo reescrito, no se puede ni pensar por ahora11. De otro modo, con qué cara recibiré al heredero, cuando él mismo en persona, me aconsejó no publicar los lugares prohibidos por el censor, y yo, como en burla a él, me sigo metiendo. Y además quién sabe, si él no le enseñó eso al soberano quien, no deseando darle publicidad al asunto, acaso le ordenó decir de su parte, lo que yo oí de él. Mejor mira qué has. Pues tú no puedes limitarte a un solo libro sobre estos temas tan importantes, tan necesarios a todos, en particular en Rusia. Así, compuesto un libro nuevo de este género, inclúyele todo lo prohibido, como si hubiera sido escrito después; y ese manuscrito envíalo directamente a nombre de V. Peróvskii12, rogándole emplear su concurso, para que el soberano se digne a echarle un vistazo, o le encargue a alguien recorrerlo antes del censor. Entonces, en 1er lugar, nada tuyo se perderá, y en 2do, todo lo nuevo será autorizado con seguridad.
Te ruego me perdones, por que extraje tan apuradamente una conclusión injusta sobre todos nuestros aristócratas, juzgando por unos cuantos. Pero en vano imaginas, que en mi corazón no hay una fe absoluta en tus convicciones personales. Si algo parecido a eso ocurriera en mi alma, yo no me dedicaría con tanto fervor a todos tus asuntos. No, y por eso creo tanto en la santidad de tus asuntos y tus ideas, que yo mismo aspiro hace tiempo a poner mi corazón, mis ideas y mi vida a esa altura, es el único propósito de mi vida actual.
Por favor, en el momento de tu partida al Oriente, dispón en Nápoles o donde sea más cómodo de forma tal, que todas las cartas, los fardos y los otros paquetes dirigidos a tu nombre, o te sean llevados, o al menos sean conservados hasta tu regreso. Pues la sola idea, de que gasto tanto tiempo en unas cartas que se perderán en el correo, me quita todas las ganas de escribir. Si pudieras rogarle a alguien, que me informe de dónde escribes en el Oriente, si estás saludable, qué haces, cómo esperas y a dónde regresar, eso yo lo consideraría la mejor muestra de tu amistad hacia mí.
Que estés saludable. Te abrazo.

P. Pletnióv.

1Stepán Sheviriév, poeta, crítico, traductor, editor, fundador de la revista El Heraldo de Moscú, profesor de literatura rusa en la Universidad de Moscú.
2Arkadii Rossetti, oficial del ejército imperial, hermano de Alexándra Smirnóva.
3Stiglitz, banquero de Petersburgo.
4Nikolai Prokopóvich, poeta ocasional, maestro de cuerpo de cadetes, amigo de la infancia y compañero de gimnasio de Gógol.
5Pavel Ánnenkov, crítico, viajero, memorialista, colaborador de El Contemporáneo y de la Biblioteca de lectura, defensor de la teoría del “arte por el arte”.
6Vasílii Zhukóvskii, poeta, escritor, traductor, antiguo director de la revista El Heraldo de Europa, preceptor de la familia zarista, protector de escritores.
7Nikolai Berg, filólogo, poeta, traductor.
8El manuscrito de Kraledvorskii. Antología de canciones épicas y líricas antiguas checas, editado en Moscú en 1846).
9Nikolai Karamzín, escritor, historiador y traductor.
Piótr Pletnióv no escribe sobre Nikolai Karamzín, pues no encuentra apoyo en la familia del escritor. Sobre Vasílii Zhukóvskii publica en 1852 los artículos Vasílii Andréevich Zhukóvskii y Sobre la vida y la obra de V.A. Zhukóvskii.
10Nikolai Yazíkov, poeta, miembro del círculo pushkiniano, amigo cercano de Antón Delvig y Nikolai Gógol, entre otros escritores.
11Gógol insiste en que “el soberano debe ver todas las cartas no autorizadas por la censura” en su carta a Piótr Pletnióv del 24 de diciembre de 1846 (5 de enero de 1847).
12Vasílii Peróvskii, general, hermano del escritor Alexánder Peróvskii.

Imagen: Nikolay Antonov, Beginning of Winter, 2005.

jueves, 8 de enero de 2009

P.A. Pletnióv a Gógol


Petersburgo, 1 de enero de 1847.

Ayer se hizo una gran obra: tu libro de cartas1 salió a la luz. Pero esa obra ejercerá su influencia sólo en los elegidos, los demás no hallarán alimento para sí en tu libro. Y este, en mi convicción, es el principio de una literatura rusa en particular. Todo lo que fue hasta ahora, me parece como un experimento escolar con temas escogidos de una antología. Tú eres el primero que sacaste las ideas del fondo y las pusiste a la luz sin temor. Te abrazo amigo. Sé inflexible y consecuente. Digan lo que digan los demás, ve por tu propio camino. Sólo que ahora te buscaste verdaderos adversarios y enemigos. Pero tanto mejor. Sin estos, la obra se alarga y tuerce. No obstante, recuerda: así como las creaciones de Dios son infinitamente diversas, así la prédica iniciada por la gloria de Dios, debe ser un reflejo de su creación. Cambia los criterios de los objetos, los matices del lenguaje y las formas de los artículos, pero tras todo eso condesciende a una cosa: a la purificación del alma de la infamia mundana. En esta pequeña sociedad donde vivo hace ya seis años, tú te convertiste ahora en un genio de las ideas y las acciones. Sólo que, repito, no en todas partes brindarán esa acogida a tu libro. Es terrible pensarlo, pero eso pasará, que muchos no tendrán fuerzas para terminarlo. Pero este debe proclamar la verdad sobre nosotros más allá de los límites de Rusia. Desde allá nos enseñan a valorar nuestro propio tesoro, cómo se realiza eso en todo el mundo del arte. He aquí por qué, yo no me propongo proceder al instante a la segunda edición. Es necesario hacer eso entonces, cuando se compren dos mil ejemplares. La primera vez, todos los libreros de Petersburgo juntos se formaron, y me tomaron sólo 400 ejemplares, porque yo anuncié la rebaja común del 20 por ciento no de otro modo, que con un despacho, por lo menos, de 200 ejemplares de una vez. Desde 100 ejemp. hasta 199, se rebaja sólo un 15 por ciento; desde 50 hasta 99, una rebaja del 10 por ciento; desde 1 hasta 49 ejemp., no se rebaja nada. Pero a quien tome 600 ejemp. de golpe, a ese le rebajo un 25 por ciento. No hay más tratos. Todo va a dinero líquido, a dos r. de plata por ejemplar, porque el libro salió, por gentileza de la tinta roja de Nikítienko2, sólo con 287 páginas. Todas tus correcciones llegaron a tiempo, y lo que permitió el censor, fue incluido en el texto. Lo no autorizado por él, ya no se pudo defender a ningún precio. Así, lo que tú no encuentres en el libro pues, entonces, no fue permitido incluir en este. Yo, ante ti, estoy limpio y justo por completo. De la tipografía, así como de la tienda de papel y del encuadernador, aún no recibí las cuentas. Todo el dinero obtenido por la venta de 400 ejemplares irá al pago de la edición. Tan pronto liquide la deuda, te mandaré de inmediato las ganancias. Lo mismo voy a hacer con el ulterior recibo de dinero por la venta del libro. Tú, por lo demás, aunque no mucho, debes tener dinero de mi envío del pasado noviembre, de la fecha 21 al viejo estilo; 408 r. con 30 k. de plata del 1º de mayo al 1º de octubre.
Con tu nuevo certificado de Nápoles, no cobré aún tu pensión; y además, no vale la pena cobrarla por dos meses: octubre y noviembre. Mejor cóbrala entonces, cuando ya no sea lejano el plazo de tu partida. Yo, con tu nuevo certificado, te recibiré todo lo que requieras en tu lejano viaje. Incluso puedes, mostrada esta carta mía a Jvostóv3, disponer de modo tal que la misión, tras proveerte de la cantidad necesaria de dinero en efectivo, reciba de mi parte un pago de tus ganancias, por la venta de los libros y la pensión. Todos los ejemplares, según tu lista, ya fueron repartidos y expedidos. Sólo no se le han llevado a la gran prin. Elena Pávlovna4 y a la gran prin. Ekaterina Mijáilovna5, ya que están de viaje. A ti te fueron entregados 5 ejemp., a Tolstói6 2 y para Zhukóvskii7 1, todo a través de Viáziemskii8 a la condesa Nesselrode9. Por favor, no me culpes si resulta alguna negligencia. Pues yo no pude encontrar vías más seguras: Viáziemskii es amigo de los Nesselrode. Sobre la donación a todas las damas de la familia zarista, le escribí directamente a Adlerberg10, que ejerce el cargo de Volkónskii11. Pero ese mismo día, el último ingresó a su título y el primero se rehusó, aunque con mucha amabilidad. Entonces, para la donación al emperador12, la emperatriz13 y al gran príncipe Mijaíl Pávlovich14, le expedí los ejemp. a Uvárov15; y a la familia del heredero16 y a la g.p. María Nikoláevna17 se los envié directamente yo mismo, con una carta personal a cada uno. A la Gran princesa Olga Nikoláevna18 se lo dirigí yo mismo a Stuttgardt. No pude no sacrificar varios ejemp. de tu libro, a pesar de tu observación de que los otros los compren ellos mismos. Por ejemplo, a A.O. Smirnóva19 le dirigí dos 2 ejemp., a Uvárov y a Viáziemskii a 1 ejemplar, a Balabína20 y sus hijas 2 ejemp. Para el comisionista todo a crédito de deuda, y para las personas que casi pertenecen a mi familia, para mi hija y para mí, sólo fueron 7 ejemp. Lo restante se venderá todo. Ante mí, ahora, están todas tus cartas, desde el momento en que pensaste esta edición, o sea, desde mayo, de Roma, hasta el 30 de noviembre/12 de diciembre, de Nápoles. Son 14 cartas todas. De estas, ninguna fue dejada sin respuesta, hablando de las primeras once. En lo que respecta a las últimas tres, aún no tuve tiempo de responder a estas: en cambio, ahora te responderé a todas de una vez. Me pareció ya mejor hacer toda la labor, y después platicar. Además, en estos tres últimos meses del pasado 1846, se me juntaron de pronto muchos asuntos urgentes y especiales: 1. Supervisé la impresión de las obras completas de Krilóv21 en 3 tomos, y escribí para esta la biografía del autor en 6 pliegos de imprenta (la edición saldrá en unos días). 2. Preparé del mismo Krilóv una biografía del todo peculiar, para los niños, en cuyo beneficio se editarán en particular sólo sus fábulas en un tomo22. 3. Terminé los Nos. 10, 11 y 12 de El Contemporáneo antes de su entrega a Nikítienko. 4. Elaboré el informe anual de la labor científica y administrativa de todos los miembros de nuestra universidad, finalmente. 5. Elaboré el mismo informe anual sobre la labor de todos los 20 académicos de la II Sección de la Academia de Ciencias. Además de eso, no dejé de dictar conferencias universitarias y trabajar diariamente en la cancillería de la universidad, donde pasan por mis manos más de 6 mil papeles al año. He aquí entre cuántas ocupaciones de tan diverso calibre, debí imprimir tu libro y mantener, puntualmente, una correspondencia contigo. Espero que hagas justicia a mi actividad. Así, ahora las respuestas. La carta del 22 de nov./4 de dic. la recibí el 17/29 de dic. Esta viajó mucho tiempo. Las otras de Nápoles llegan en veinte días, y esta en veinticinco. Liubímov aún no vino a verme por los libros. Por lo demás, por ahora ya te fueron enviados 5 ejemp. a través de la condesa Nesselrode. Cartas referentes a Las almas muertas por ahora no hay. Y yo no supongo que nuestro público inmóvil se remueva con tu cálido llamado23. Sobre El Contemporáneo razonas como debe razonar un hombre, que lo mira todo desde lejos24. Te parece mezquino e infructífero. Pero este, entre tanto, trajo mucho bien. Yo eso lo conozoco por las cartas de Sheviriév25 y por la provincia. Yo no lo dejaría de editar, si estuviera en condición de sacrificar, lo que sacrifiqué hasta ahora por el bien común, o sea, unos 5 mil rublos asignados por año. Si entre los hombres honrados hubiera tanta unanimidad, como resulta entre los bribones en semejantes empresas, pues yo no tendría sobre mí solo esta carga que, en particular, no es pesada para mí, pero después resultará perjudicial para mi hija. Sólo esa idea ya, me obligó a bajarme de una palestra en la que estaba fuerte y, puedo decir, honrado. Por tus juicios sobre El Contemporáneo, veo que hablas de oídas y, además, a partir de unos juicios que, naturalmente, deben ser hostiles a mí. De otra forma, ¿cómo concordar tu elevada aspiración a la cuestión del alma, con la condena a otra persona que hace 9 años sólo habla de eso? Pero ahora el asunto ya está terminado. Yo espero continuar con escritos por separado, lo empezado por mí en El Contemporáneo. Su pérdida quedará siempre, como una mancha de nuestros egoístas geniales26 que, como todos los hombres mundanos, no perdonan la virtud porque es mendiga, y veneran el vicio en secreto porque es de oro. Veremos en qué termina esta unificación de los canallas en grupos, y la peregrinación solitaria de los hombres honrados. De forma semejante razonas sobre todos los escritores, nombrados por ti en tus cartas. De lejos te parecen más interesantes, que como son en la realidad. Por lo demás, en tu libro se adivinan muchas cosas de modo acertado, así que cuando estés aquí, pues de tu artículo sobre El Contemporáneo se podrán escoger muchas cosas buenas; por ahora, que se quede en mi archivo. En otra carta tuya, del 26 de nov./8 de dic., que recibí el 18/30 de dic., dices que desde 1847 es más necesaria mi participación en la literatura que nunca antes. Eso te pareció porque en 1846, yo ya salí del método de acción silencioso al público, y le empecé a restregar por las narices a los canallas sus propias puercadas27. Pero ese no es mi estado normal. Eso fue el acceso de una cólera largamente contenida. Yo quiero mejor despreciar en silencio, que mancharme con una victoria sin gloria. Por lo demás, desde 1847 la literatura se torcerá sin mí: tu libro llamará todo lo nuevo a un círculo de actividad intelectual. Tu última carta del 30 de nov./12 de dic., que recibí el 22 de dic./3 de enero. En esta te lamentas de mi demora en enviarte dinero. Ahora ya lo recibiste. Yo y Arkadii Rossetti28 decidimos enviarte La abeja del norte, El Contemporáneo y los Apuntes patrios. Los pagaré con tu dinero, que recibiré por tu nuevo libro. Dispón, en caso de tu partida, quién recibirá en Nápoles esas revistas. Que estés saludable. Ve firme por el camino elegido. Obsérvalo todo desde todos los ángulos y sé un órgano de la verdad plena. Te abrazo.

1Los Pasajes selectos de la correspondencia con los amigos.
2Alexánder Nikítienko, censor, crítico, historiador de la literatura; los censores hacen sus tachaduras con tinta roja.
3Dmítrii Jvostóv, senador, poeta, miembro de la Academia rusa y de las Pláticas de los amantes de la lengua rusa.
4Elena Pávlovna (Charlotte de Wurtemberg), gran princesa; princesa alemana afincada en Rusia, esposa del gran príncipe Mijaíl Pávlovich, hermano de Nikolai I.
5Ekaterina Mijáilovna, gran princesa, hija del gran príncipe Mijaíl Pávlovich.
6Dmítrii Tolstói, conde, procurador general del Sínodo, ministro de ilustración popular, futuro ministro de asuntos internos.
7Vasílii Zhukóvskii, poeta, escritor, traductor, antiguo director de la revista El Heraldo de Europa, preceptor de la familia zarista, protector de escritores.
8Piótr Viáziemskii, príncipe, poeta, crítico literario, miembro de la Academia de ciencias de San Petersburgo.
9María Nesselrode (Gúrieva de nacimiento), condesa, esposa de Karl Nesselrode, conde, canciller estatal.
10Vladímir Adlerberg, gerente principal del departamento de correos.
11Piótr Volkónskii, mariscal de campo, jefe del Estado mayor, ministro de la corte.
12Nikolai I, zar, emperador y autócrata de todas las Rusias.
13Carlota de Prusia (Alexándra Feódorovna), emperatriz.
14Mijaíl Pávlovich, gran príncipe, hermano de Nikolai I.
15Serguéi Uvárov, ministro de educación, creador del programa de autocracia, ortodoxia y nacionalismo.
16Alexánder Nikoláevich, hijo de Nikolai I, zariévich, heredero del trono, futuro Alejandro II.
17María Nikoláevna, hija de Nikolai I, gran princesa.
18Olga Nikoláevna, hija de Nikolai I, gran princesa.
19Alexándra Smirnóva (Rossetti de nacimiento), dama de compañía de la zarina, esposa del gobernador de Kalúga, amiga de Vasílii Zhukóvskii y Alexánder Púshkin.
20Paulina Balabína,
21Obras completas de I.A. Krilóv con su biografía, escrita por P. A. Pletnióv, t. I-II. SPb., 1847.
22Las fábulas de I.A. Krilóv con su biografía, escrita por P.A. Pletnióv, SPb., 1847.
23
24Sobre El Contemporáneo, artículo de Nikolai Gógol.
25Stepán Sheviriév, poeta, crítico, traductor, editor, fundador de la revista El Heraldo de Moscú, profesor de literatura rusa en la Universidad de Moscú.
26Piótr Pletnióv se refiere, es probable, a Piótr Viáziemskii y a Vasílii Zhukóvskii.
27Piótr Pletnióv publica en El Contemporáneo una serie de ataques polémicos a Faddei Bulgárin, Nikolai Grech y Andrei Kraiévskii, entre otros escritores y periodistas.
28Arkadii Rossetti, oficial del ejército imperial, hermano de Alexándra Smirnóva.

Imagen: Aleksandr Kostnichev, At Kremlin Walls, 1999.

lunes, 5 de enero de 2009

Gógol a P.A. Pletnióv


Nápoles, 30 de noviembre (12 de diciembre) de 1846.

Me vino la idea: no se pierden acaso tus cartas. De otra forma, no me puedo explicar tu silencio con ninguna otra cosa. En todo caso, el endoso del dinero debido a mí por la tesorería, ya debería estar aquí por mi cuenta hace un mes. ¿O Zhukóvskii1 olvidó enviarte un certificado de mi vida? Yo aquí tomé un certificado de nuevo, y te lo envío por si acaso. Bueno que encontré a unos conocidos aquí, y les pude pedir prestado. Si no, hubiera habido una desgracia. En una tierra extraña, como tú mismo sabes, no es muy alegre estar sin dinero. Me inquieto seriamente respecto a esas pérdidas. Teniéndote por un hombre cuidadoso, no puedo aceptar de ningún modo que lo pudiste olvidar. Es extraño, que estas demoras con el dinero sucedan, precisamente, en este tiempo, cuando el dinero, así decir, yace en mi baúl personal, y sólo necesito extender la mano para sacarlo de ahí. Es necesario ahora, en particular, disponernos de forma tal, que esto no suceda el año entrante, en que me tocará recorrer tierras desconocidas, donde no será fácil escabullirse, no teniendo en mis manos dinero en efectivo. Y por eso envía por adelantado, sin esperar mis informes, a la embajada napolitana, con los correos, cada mil rublos, a medida que se acumulen con la venta del libro2. Es mejor para mí tener demás en la mano, que arriesgarme a encontrar una situación semejante que, como tú mismo ves, siempre puede suceder. Infórmame qué costó la impresión del libro. Yo suponía que, aproximadamente, cerca de 3000 rub. No olvides asimismo adjuntar una nota, de a cuál de los libreros con exactitud, y cuántos ejemplares le fueron remitidos, para que yo pueda llevar siempre toda la cuenta en la cabeza, y no pueda cometer estupideces e imprudencias por ignorancia. Pienso que tú no debes hablar, de no darle sin dinero a ninguno de los libreros. Eso tú mismo lo sabes, porque me lo enseñaste a mí. Por gentileza tuya, yo disponía la impresión de mis libros en Petersburgo con tal presteza, como no sé si acaso la dispone ahora algún literato. Mi libro yo lo imprimía a hurtadillas en un mes, de modo que su aparición solía ser una sorpresa, incluso, para los conocidos más cercanos. Nunca tenía ningún tráfago desagradable ni con las tipografías, ni con los libreros, como le sucedía a Prokopóvich3. El dinero me lo traían completo por adelantado, todo eso solía ser apuntado e incluido por mí al instante en el libro. Y además de eso, toda mi cuenta libresca yo la llevaba siempre en la cabeza de modo tan detallado, que podía recitarla toda de memoria. A pesar de que soy considerado a los ojos de muchos un hombre libertino, y lo que se llama un poeta que vive en un reino lejano, nací para ser administrador; e incluso, siempre sentí amor por la administración, e incluso, oculto de todos adquirí muchas cualidades administrativas, e incluso te robé bastante a ti mismo, aunque no lo mostraba en mi persona. Yo debí a tiempo, tras abandonar toda ocupación cotidiana, trabajar en esa administración interior, que un hombre debe ordenar ante todo, y sin la que no saldrá ninguna ocupación cotidiana. Pero ahora, gracias a Dios, lo más difícil se ordena; ahora puedo dedicarme a las ocupaciones cotidianas y, acaso, me ocupe de éstas con tanto éxito que, incluso, te admirará de dónde salió en mí un hombre tan positivo y asentado. Cuando Dios nos disponga vernos, y nos sentemos en tu cómoda habitación, frente a frente, y tengamos pláticas sencillas, entendibles para un niño, que darán calor a nuestras almas, te asombrarás y venerarás los caminos por los que Dios conduce al hombre, para llevarlo a sí mismo y hacerlo ese que debe ser, a causa de las capacidades y los dones que le tocaron en suerte. Pero eso aún no está cerca, remitámonos al asunto. A Sheviriév4 le puedes enviar cuantos ejemplares te reclame, para la venta en Moscú. En ese hombre se puede confiar. Tiene la precisión de un banquero. Vendió con tal provecho todos mis libros que se hallaban en su poder, pagó con tal destreza todas mis deudas, sin dejarme en la ignorancia, incluso, del último kópek de mi dinero, que el banquero más cuidadoso se asombraría con él5. Mil rublos apártalos para pagar las cartas a mí, las revistas y los libros más notables que salgan este año. Yo le rogué a Arkadii Rossetti6 ocuparse de su envío, si eso te resulta abrumador y laborioso. Este año voy a necesitar leer, en particular, casi todo lo que salga en nuestro país, en particular las revistas y todos los comentarios y las opiniones de las revistas. Eso que no tiene casi ningún valor para un literato, como el testimonio de la falta de talento, de gusto, o las pasiones y las vilezas humanas, tiene para mí un valor como testimonio del estado mental y espiritual del hombre. Yo necesito saber con quién tengo trato; a mí toda línea, tanto afectada como no afectada, me descubre una parte del alma humana; necesito sentir y oír a esos, a los que hablo; necesito ver la personalidad del público, y sin eso todo me sale estúpido e incompresible. Y por eso, todo donde se estampe una expresión del espíritu ruso moderno, en sus tendencias directas e indirectas, es para mí igualmente necesario; eso mismo que yo antes arrojaría con repulsión, lo debo leer ahora. Y por eso no te admires, si te exijo que me envíes todos los periódicos y las revistas literarias, que no te provocan ni echarles un vistazo. Pero no hay lugar para escribir más. Espero noticias tuyas con impaciencia. Te abrazo y beso. Adiós.
Tú, pienso, ya recibiste mi esquela7 por mano de Anna Mijáilovna Vielgórskaya8, en la que te informo sobre mi decisión de aplazar, tanto la presentación de El inspector con el Desenlace, como su publicación hasta el próximo año de 1848. Arkadii Rossetti, pienso, ya te informó también del envío a mí de las revistas literarias del año entrante, a lo que, probablemente, se dedicará gustoso, si tú no tienes tiempo libre. A la condesa Nesselrode9 le rogué, asimismo, disponer para que los correos puedan tomar esos paquetes.

1Vasílii Zhukóvskii, poeta, escritor, traductor, antiguo director de la revista El Heraldo de Europa, preceptor de la familia zarista, protector de escritores.
2Los Pasajes selectos… salen a la luz el 12 de enero de 1847.
3Nikolai Prokopóvich, poeta ocasional, maestro de cuerpo de cadetes, amigo de la infancia y compañero de gimnasio de Gógol.
4Stepán Sheviriév, poeta, crítico, traductor, editor, fundador de la revista El Heraldo de Moscú, profesor de literatura rusa en la Universidad de Moscú.
5Sheviriév se dedica en 1846 a preparar la segunda edición del primer tomo de Las almas muertas.
6Arkadii Rossetti, oficial del ejército imperial, hermano de Alexándra Smirnóva.
7La carta del 26 de noviembre (8 de diciembre) de 1846.
8Anna Mijáilovna Vielgórskaya, condesa, hija menor de los Vielgórskii.
9María Nesselrode (Gúrieva de nacimiento), condesa, esposa de Karl Nesselrode, conde, canciller estatal.

Imagen: Ivan Aivasovskii, Golf of Naples, 1841.